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lunes, 8 de junio de 2026

Mil novecientos cuarenta

 


(Imaginando)

 

Veo una calle del Madrid diezmado

en el que tantos negros abanicos

agitados, más grandes y más chicos,

alivian un estío despiadado,

de las que, siendo estrecha y no muy larga,

entre sí el vecindario se conoce;

por la que a punto de sonar las doce

aceleran los carros con su carga.

Una moza se asoma a la ventana

justo al paso de un joven carretero,

se cruzan sus miradas y, ligero,

él se aleja tal vez hasta mañana.

 

Las cocinas exhalan los vapores

de sabrosos potajes sugerentes

y se agitan algunos mondadientes

entre papilas faltas de sabores.

 

La atraviesa un tullido. Tal encuentro

se produce en la puerta del colmado

de un hombre corpulento y atildado

con la muchacha que lloraba dentro.

 

Un niño quejumbroso, y el pañuelo

que luce la que ignora su protesta

—portando con esfuerzo una gran cesta—

constituyen la síntesis del duelo.

La mujer interrumpe el recorrido

un instante, privada del resuello

por el dogal pendiente de su cuello

en que el propio vivir se ha convertido.

Con sumisa actitud, les acompaña

un lebrel de marcados costillares,

nostálgico de rústicos  lugares

y un amo condenado por España.

 

La mencionada calle es adyacente

a otra cuyo trazado del tranvía

acaba conduciendo a una Gran Vía,

en que todo parece diferente.

Donde los toldos cubren las terrazas

de cafés que conservan su solera

y se camina como si no fuera

ése un Madrid preñado de amenazas.

 

 

 

 

 

 

miércoles, 20 de mayo de 2026

Decrepitud

 

 


 

Ante mí tengo lo más placentero

que haya soñado hacer en esta vida.

Y, sin embargo, me siento sumida

en no sé qué marasmo lastimero.

Un claustro monacal es lo primero

que concibe mi mente distraída

y una paz arbolada y florecida

como entorno más próximo y señero.

¿Existirá la trocha o el sendero

que llegue al monasterio hospitalario

en que pudiera ser acomodada?

Que aquí la libertad se halla trucada

y cada cual pasea su calvario

por el falso tumulto callejero.

 

 

 

 

lunes, 27 de abril de 2026

Balance

 

Cuchillo alado, rémora, desvío,

estigma de mi piel atormentada

por una soledad enajenada;

disolución, angustia, desvarío.

Vejación, claustrofobia, desafío,

herrumbrosa cadena mercenaria,

dolor de proporción extraordinaria

más honda su raíz cuanto más mío.

Constante rebelión de un albedrío

en su prisión carnal, perecedera.

Un arroyo con ínfulas de río

mísero siempre y seco en el estío.

Y, como solución más lisonjera,

quizá la tenue sombra del hastío.

 

 

 

 

sábado, 18 de abril de 2026

Año Nuevo

 


No hay nada nuevo bajo el Sol; la Tierra

parece ir a saltar hecha pedazos;

surgen aquí y allá los aletazos

del pavoroso cóndor de la guerra.

La hambruna es una herida que no cierra,

la furia multiplica sus zarpazos

y el desamor enfría los regazos

que a lejanías íntimas destierra.

Tristemente, legamos un futuro

a nuestros descendientes más que incierto

y el ejemplo de ser tal como somos:

carne de yugo y soledad, oscuro,

patético clisé del desconcierto;

una infinita cifra de “eccehomos”.

 

 

 

 

miércoles, 15 de abril de 2026

Carencia


 

El tema es delicado, y lo acometo

a través del abrazo solidario

y el reconocimiento de un calvario

aspirante a martirio por decreto.

Aquél que martiriza es el sujeto

que se siente de pronto amenazado,

sin comprender que la que ha dominado

decida no sufrir más en secreto.

Ella ha sido y será siempre el objeto

más estimado entre sus posesiones

—por lo que no contempla la ruptura—

si bien, no acreedora del respeto

que ante la alteración de las pulsiones

lograra suscitar la autocensura.

 

 

 

 

 

sábado, 11 de abril de 2026

Típica

 

 

Me atormenta una angustia —¿pasajera?—

una angustia otoñal típicamente,

una angustia delgada, transparente,

mas capaz de embargar mi vida entera.

La propia humanidad casi lacera

tan sátira opresión, casi deliro

intentando saber por qué respiro

y por qué he de sufrir de esta manera.

Destrozado el cristal de mi quimera,

luce a mis pies su brillo iridiscente

como el aura perdida de un difunto.

Y, como tantas veces, me pregunto

por qué es la vida tan intransigente

y la dicha tan rápida viajera. 

 

 

 

 

viernes, 27 de marzo de 2026

Tercer nivel

 

 

Desde el tercer nivel, cuanto acontece

en el mundo sugiere la impostura;

desde el tercer nivel, si se me apura,

  afirmo que nada es lo que parece.

Por un camino gris, se desvanece

de una realidad vaga la figura;

 la línea entre certeza  y conjetura

ora se oculta, ora reaparece.

Apenas la consciencia prevalece

de que la duda engendra desventura

 entre especulaciones que no escucho.

El íntimo silencio favorece

la proliferación de mi amargura.

¡En el tercer nivel se sufre mucho!

 

 

 

 

viernes, 20 de marzo de 2026

A la lírica

 

Ayúdame a evadirme de la pena

que me busca, me acosa, me acuchilla;

líbrame de este yugo que me humilla

tan obstinadamente, que me ordena

doblar tan a menudo la rodilla

de eximia penitente y me condena

a  toda libertad sentirme ajena

lastimando otra vez cada mejilla.

Déjame con mi mesa, con mi silla,

mi pluma y mi intuición por compañera;

con mi ventana abierta al universo

y el corazón vagando por la orilla

de esta marisma ardiente y placentera

en que toda emoción se torna verso.

 

 

 

 

lunes, 16 de marzo de 2026

Tributo

 


¿No habré de hallar reposo ni un momento

durante pervivencia tan costosa?

¿Tregua no existirá color de rosa

para tan dilatado sufrimiento?

Me libra de ceder al desaliento

esta imperecedera rebeldía;

no existe decepción como la mía,

ni tormento que iguale mi tormento.

La enajenación propia de un convento

es el tributo dentro de la herida

sangrante, si aún existo o estoy muerta.

Tal vez no salve al propio sentimiento

ni siendo urgentemente intervenida

a corazón abierto y tumba abierta.

 

miércoles, 11 de marzo de 2026

Lejos

 


 También aquí me abruma la tristeza,

—lejos del mar y lejos de Vizcaya—

que donde permanezca o donde vaya

habré de hallar en mi naturaleza.

El dardo penetró con la agudeza

con que inocula el áspid su veneno,

como el rejón de muerte, que da en pleno

punto vital con ávida certeza.

Y yo ya no soy yo… No se endereza

la rectitud del árbol doblegada

por el fiero huracán o por el rayo.

Oculta la piedad de mi corteza

la entraña fatalmente taladrada

 que no florecerá ya ningún mayo.

 

 

 

 

Vivir

    Vivir Postdata   Vivir se denomina a estar censado en páginas pasivas y remotas, a satisfacer cánones y cu...