Ha aparecido en Booksonline - Aragón Tiene Talento el libro de Marina Soro:
Poemas de Marina Soro: https://marinasoro.blogspot.com/
"A quien crea en mí"
Poemas de Marina Soro
Ha aparecido en Booksonline - Aragón Tiene Talento el libro de Marina Soro:
Poemas de Marina Soro: https://marinasoro.blogspot.com/
"A quien crea en mí"
Me siento prisionera entre las estructuras
de esta vivienda urbana, de cuyos ventanales
me muestran a diario los diáfanos cristales
un exterior que animan polícromas figuras.
Se deslizan los días exentos de premuras,
en invierno y verano de sufrimiento iguales;
y avanza el deterioro por causas naturales
como una más de tantas humanas desventuras.
Hoy, cuando ya no importan plácemes ni censuras,
me acojo a cuanto apenas al nacer poseía:
Un ávido discurso ignorado en exceso
que hasta aquí me ha traído elucubrando a oscuras,
asistida tan solo por esta rebeldía
lírica y solitaria, sintiendo lo que es eso.
Deslizo la mirada estremecida
por el prodigio de la sutileza
que nos descubre la naturaleza
desde una irisación de amanecida.
Contemplo de la mar embravecida
el blanco y el azul en una pieza
y sigo percibiendo la belleza
presente en el mosaico de la vida.
En esa col de invierno, que aterida
espera ser del frío rescatada,
en la piedra del muro derrumbado,
el vuelo de la prenda suspendida
en un espacial vértigo, o en cada
limonero de fruto ya dorado…
Su espléndida artista nos la mostró unos años antes.
Me consume el trascurso de esas horas vacías,
sin contenido alguno digno de hacer constar,
en que se descompensan todas las armonías,
en que nos acometen todas las apatías
y que van, a la postre, al olvido a parar.
Me apenan todos esos corazones perdidos
que divagan quién sabe esperando qué hallar
y el estremecimiento de los brazos tendidos,
como ramas de un árbol en que abundan los nidos
suplicando a la sierra que lo habrá de talar.
Me rebelo ante tantas inútiles porfías
que me desasosiegan sin poderlo evitar
durante el recorrido de las estanterías,
leyendo en los manuales de las filosofías
diversas cuanto escrito hay sobre el verbo amar.
La ciudad se adormece bajo un sol inclemente
que tiene las alarmas al uso disparadas
y bostezan las calles apenas transitadas
por seres que traspiran exageradamente.
La población censada se divide en ausente,
cumplidora con cada cotidiana faena,
y quienes se semejan hallarse en cuarentena
en los propios hogares de enrarecido ambiente.
Un trote de caballos atraviesa mi mente;
de aquél que se detiene ante la fuente seca
sostiene la montura una figura enteca
y pálido semblante de un difunto aparente.
Mi corazón palpita cuando un aire caliente
entra a la vez por todas las ventanas abiertas
y siento que el trascurso de tantas horas muertas
me ha convertido en una triste superviviente.
(Imaginando)
Veo una calle del Madrid diezmado
en el que tantos negros abanicos
agitados, más grandes y más chicos,
alivian un estío despiadado,
de las que, siendo estrecha y no muy larga,
entre sí el vecindario se conoce;
por la que a punto de sonar las doce
aceleran los carros con su carga.
Una moza se asoma a la ventana
justo al paso de un joven carretero,
se cruzan sus miradas y, ligero,
él se aleja tal vez hasta mañana.
Las cocinas exhalan los vapores
de sabrosos potajes sugerentes
y se agitan algunos mondadientes
entre papilas faltas de sabores.
La atraviesa un tullido. Tal encuentro
se produce en la puerta del colmado
de un hombre corpulento y atildado
con la muchacha que lloraba dentro.
Un niño quejumbroso, y el pañuelo
que luce la que ignora su protesta
—portando con esfuerzo una gran cesta—
constituyen la síntesis del duelo.
La mujer interrumpe el recorrido
un instante, privada del resuello
por el dogal pendiente de su cuello
en que el propio vivir se ha convertido.
Con sumisa actitud, les acompaña
un lebrel de marcados costillares,
nostálgico de rústicos lugares
y un amo condenado por España.
La mencionada calle es adyacente
a otra cuyo trazado del tranvía
acaba conduciendo a una Gran Vía,
en que todo parece diferente.
Donde los toldos cubren las terrazas
de cafés que conservan su solera
y se camina como si no fuera
ése un Madrid preñado de amenazas.
Hoy la luz se remansa en mis pupilas quietas
y de mi sangre el ritmo antes acelerado
reivindica un reposo que le será negado;
hoy el viento no mueve las alzadas veletas.
Hoy, la música es sólo un conjunto de notas,
un mundo de sonidos carentes de armonía;
hoy la razón no basta, ni la filosofía
que extrae sus conclusiones de experiencias remotas.
Hoy no existe el pasado, ni tampoco el futuro
y apenas el presente roza mi piel dormida;
hoy no me importaría abandonar la vida,
tal vez como inocente víctima de un conjuro.
Hoy me siento una cuenca exenta de pupila,
el espacio sin aire de una estancia desierta,
un silencio aterido, una esperanza muerta…
Como un apartamento vacío que se alquila.
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