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viernes, 26 de junio de 2026

Senectud

 


 

Me siento prisionera entre las estructuras

de esta vivienda urbana, de cuyos ventanales

me muestran a diario los diáfanos cristales

un exterior que animan polícromas figuras.

Se deslizan los días exentos de premuras,

en invierno y verano de sufrimiento iguales;

y avanza el deterioro por causas naturales

como una más de tantas humanas desventuras.

Hoy, cuando ya no importan plácemes ni censuras,

me acojo a cuanto apenas al nacer poseía:

Un ávido discurso ignorado en exceso

que hasta aquí me ha traído elucubrando a oscuras,

asistida tan solo por esta rebeldía

lírica y solitaria, sintiendo lo que es eso.

 

 

 

 

                                                                      

jueves, 19 de marzo de 2026

Incomunicación

 

 

Desde mi infancia existe el muro alzado

de la ávida pupila siempre enfrente,

mire ésta adonde mire, y el ardiente

deseo de advertirlo derribado.

Tortura mi garganta un atrofiado

cúmulo de silencio irreverente,

que pudo ser el grito más vehemente,

más colosal y más desesperado.

¡Qué celda tan exigua me han legado

los hombres y los tiempos! ¡Qué martirio

para mi condición itinerante!

¿Dónde hallar, dónde, el trópico anhelado?

Quizá en la vaguedad de mi delirio,

cósmica inmensidad alucinante.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Hipótesis

 


 

Tal vez existo siendo simplemente

brisa, espuma, rumor, hálito apenas,

vorágine espectral de lunas llenas

extraviadas camino del Oriente.

Angustia visceral, lágrima ardiente,

ímpetu sin destino ni retorno,

armonía carente de contorno,

inconsecuencia de lo consecuente.

Destello de una llama impenitente

de algún reducto hermético cautiva,

libertad a cuchillo mutilada;

nube fugaz, metáfora ignorada,

dubitación perpetua y obsesiva

 de un naufragio letal superviviente
 
 
 
 

lunes, 16 de marzo de 2026

Tributo

 


¿No habré de hallar reposo ni un momento

durante pervivencia tan costosa?

¿Tregua no existirá color de rosa

para tan dilatado sufrimiento?

Me libra de ceder al desaliento

esta imperecedera rebeldía;

no existe decepción como la mía,

ni tormento que iguale mi tormento.

La enajenación propia de un convento

es el tributo dentro de la herida

sangrante, si aún existo o estoy muerta.

Tal vez no salve al propio sentimiento

ni siendo urgentemente intervenida

a corazón abierto y tumba abierta.

 

De soledades

  De soledades, ¡ay!, de soledades sabemos todos tanto... Sus hechuras son para cada cual las más seguras y menos deseadas heredades. Soleda...