No sé qué puedo ser, menos que nada,
menos que una pavesa por el viento
a un constante y estéril movimiento
por quién sabe qué leyes condenada.
Una energía insólita, privada
de apariencia, de voz y de contacto,
semejante a un monótono y exacto
eco entre campanada y campanada.
Invisible a la cálida mirada
y a la cálida voz también ajena,
apenas un boceto sin matices…
Sin soplo por el que ser animada,
ni sangre que se aloje en cada vena,
ni materia que surquen cicatrices.