Parte de mí discurre, sin poderlo
yo evitar, por las líricas veredas
en que el viento acaricia las resedas
y ellas se abren en flor para atraerlo.
La España del pudor y el estraperlo
condicionó mi infancia; reticente
de ella emergí, pensando vagamente
que cuanto se alumbra hay que mantenerlo.
Y mantengo la llama, aunque el hacerlo
me exija un porcentaje de energía
excesivo del cupo que me asiste…
Si hasta hoy he llegado sin saberlo,
es porque la luz sigue siendo mía.
¡Gracias a ella mi ánimo resiste!