Un misterioso estímulo se afana,
más que en incentivarme, en someterme;
es una voluntad que nunca duerme,
que me amonesta a toque de campana
cuando ignorarla intento, que desgrana
sus sílabas de instancias infinitas
a la ambición ajena y a las cuitas
que de ella se derivan. Artesana
espuela me designa de la humana
ternura, del dormido sentimiento,
de la comprensión misma, y me destina
a cultivar los campos del mañana
respetando sarmiento por sarmiento,
hierba por hierba, espina por espina.
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