Este rincón urbano y recoleto
es nuestro entorno y mínima envoltura;
aquí escribo soneto tras soneto
en los que se percibe la amargura.
Cuando mis hijos duermen, todo quieto
y silencioso, siento su ternura
levitando en un pálpito secreto
sobre cada renglón de mi escritura.
Aquí me enfrento al íntimo vacío,
vago de conjetura en conjetura,
me interrogo, me acuso, me marchito…
Aquí mi soledad tiembla de frío
y la noche parece más oscura.
Aquí puedo llorar sobre lo escrito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario