En la tierna mañana desgranada
deprisa por los dedos impacientes
del tiempo insomne, siento las corrientes
de mi sangre aprestarse a una apiadada,
súbita rendición. Traspasa un frío
mortal mi carne, mi ánimo, mi entraña…
(frío de una metálica guadaña
o la helada parálisis de un río.)
Pasa por esta vez… torna la vida
a discurrir de nuevo por mis venas
animando mis ansias y dolores.
Vuelve a fluir la sangre de mi herida,
vuelvo a sentir el perno y las cadenas
de mis anhelos y mis sinsabores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario