La línea del amor y de la muerte
me dijeron que tengo fusionadas
cuando aquellas fugaces campanadas
iniciaran mi tiempo de quererte.
Lo cierto es que la nave de mi suerte
boga hacia misteriosas ensenadas,
tan remotas, de ti tan alejadas
que no puedo esperar volver a verte.
Creo que es mi destino el de saberte
unido a mí tan sólo en el poema
y en un espacio onírico sentirte
—en el corazón mismo— sin tenerte;
el de aferrarme a un remo que no rema
y en mi propio naufragio sumergirte.
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