Bajo este sol de estío, tan ardiente,
inclino mi cabeza encanecida,
con algo de atalaya sometida
a la arbitrariedad del oponente.
Creo que es tarde ya para que intente
abandonar el área restringida
que destina del díscolo a medida
la misma sociedad tan propiamente.
Y asomada a mi tiempo transparente
comprendo ante su espejo que quisiera
ser una adulta un tanto reprimida,
casi siempre pasando de la gente,
aunque procure no ser altanera
y soportar el peso de mi vida.
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