Sólo de tarde en tarde, rememoro
del Bilbao señorial y oscurecido
por su industria, el horario trascurrido
bajo un primaveral astro de oro.
El jardín del desánimo exponente,
el porche alicatado de amarillo,
la labor reposando en el cestillo
y yo, madre y esposa incompetente.
Todo había cambiado lentamente
en mi interior, logrando que sintiera
el ansia de volar enardecida…
No sé si fui cobarde o fui valiente
aquella tarde en la que decidiera
tomar las riendas de la propia vida.
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