Mi paisaje interior es un concierto
de aleros ocupando una meseta,
con su iglesia en la plaza, su veleta
y una casa con un jardín y un huerto.
Tal vez, el espejismo de un acierto
acariciado por la sombra inquieta
que reposa de noche en la cuneta
para vagar de día a cielo abierto.
Este es el sueño en que mi desconcierto
y mi carencia física de meta
intuyen el lugar definitivo…
Que es difícil vivir como yo vivo:
con ínfulas de urbana anacoreta
o intrépida palmera del desierto.
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