He batido las alas torpemente
desde un Olimpo lírico y sereno
hasta el urbano espacio casi ajeno,
en un medroso vuelo descendente,
sorteando la cúpula insolente
de cada alzada torre en cuyo seno
se mueve, afianzado en el terreno
que pisa, el urbanita prepotente.
Sintiéndome apiadada del yacente
ánimo al que inmolaran las reyertas
íntimas, provisión de cada vida…
Y de la desmesura recurrente
que enfila calles y derriba puertas
en busca de la brújula perdida.
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