¡Qué abismo cada mente tan profundo!
¡Qué enigma el corazón del ser humano!
¡Qué desconocimiento del hermano!
Y ¡qué inhóspito entorno, el propio mundo!
Cuando un seno magnánimo y fecundo
aloja nueve meses el arcano
fruto de una semilla, de la mano
crecen un primer ente y un segundo.
¡Qué carta al infinito!... ¡Qué rotundo
milagro creador para el cristiano
o, expresado mejor, para el creyente!
Se habrá dado la vida a un inocente
híbrido de sumiso y de tirano;
huésped del esplendor y el lodo inmundo.
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