Dormita en lo profundo de la entraña
junto al pálido azul de la inocencia,
tratando de aflorar a la consciencia
a través de una fina telaraña.
Es un interrogante que se ensaña
con mi precariedad, cuya licencia
me muestra sin recato la insolencia
impávida y letal de la guadaña.
Se trata de la duda que acompaña
mi discurso: ¿Quién soy, por qué respiro
y a qué designio debo mi presencia?
Tal vez llegue a creer cualquier patraña,
como la de advertir mientras expiro
el logro de la propia trascendencia.
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