¡Qué de esperanzas he depositado
en la capacidad de tu inocencia
para lograr la ansiada convivencia
entre tanto elemento disgregado!
Representas un príncipe encantado
del reino sideral de la paciencia,
de éstos y de los otros incumbencia
y, como tal, el vínculo anhelado.
El tierno corazón recuperado
que late en lo profundo de la ausencia
devolviendo el oxígeno al vacío…
Una alegre semblanza del pasado
todavía carente de conciencia
de cuanto hay en mí tuyo y en ti mío.
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