Llega la Navidad con sus excesos
y su traje de invierno en este lado
del mundo, con su acento edulcorado
al que acompañan plácemes y besos.
Mostrando la tensión de algunos nexos
sin futuro, presente, ni pasado,
cuya naturaleza ha destinado
a perecer de sus destinos presos.
Podemos consumir como posesos,
—el ánimo sintiendo estimulado
por una desmesura pasajera—
o prestar atención a todos esos
laberintos que el mismo ha vulnerado
en tanto envejecíamos por fuera.
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