Tendiendo tus bracitos suplicantes
disipas todo tipo de recelos,
que jamás apuntaron a los cielos
sendos rayos de luz más rutilantes.
Habrán de hallarse cerca los amantes
adultos que, en respuesta a tus anhelos,
unos y otros mostremos los desvelos,
que tu temprana edad torna constantes.
Eres el rey de reyes, como antes
de tú llegar tu propio hermano fuera,
que es un estado ése enriquecido
al ser fraternalmente compartido.
Y se os consagra así la vida entera,
sin exigencias ni condicionantes.
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