Adorna, primavera, mis balcones,
prodígame el halago de tu aliento
perfumado, evoca de un acento
lírico poderosas inflexiones.
Agítame la sangre en sus prisiones,
inúndame de luz el pensamiento,
abre mi soledad al sentimiento,
consigue liberar mis emociones.
Alegra la humildad de mi rutina,
estimula mi genio y mi locura,
aviva el tenue fuego que declina
en mi interior, aleja mi amargura;
premia a mi corazón —tallo y espina—
con la preciada flor de la ternura.
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