Hoy llueve en la ciudad en que resido
y camino mojada entre sus gentes,
ajena a tantas prisas aparentes
como buscando el rumbo que he perdido.
El propio impermeable humedecido
evoca aquellos pasos impacientes
por angostos caminos descendentes
y el rumor de las olas en mi oído.
Desde los aposentos del olvido,
tras cada devenir decepcionante
la mirada regreso a la belleza…
Mas nunca a su través he percibido
voz alguna sonora y dialogante.
¡Qué inmensa soledad y qué tristeza!
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