Aquella tarde que te vi en tu casa,
te sorprendí mirándote al espejo
luciendo tenue gasa y larga cola
que llegaba hasta el último azulejo.
Andando el tiempo, di con el reflejo
de tu escorzo fugaz… Y te hallé sola,
carente de ternura y de consejo,
cubierta apenas por la tenue gasa.
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