Llega de nuevo la Semana Santa
con sus cofrades y sus costaleros
con sus turistas y sus descuideros
cuya habilidad tornan sacrosanta.
Con su parafernalia que me espanta
integrada por hábitos, sahumerios
y el procesional paso de misterios
que emociona, deprime o solivianta.
Si su ostentosidad no fuera tanta,
si el luto se mostrara más austero,
si la impostura no se evidenciara…
¡Cuánta voz silenciada en la garganta
por el átono canto plañidero
que un místico placebo más depara!
No hay comentarios:
Publicar un comentario