No me llores, mi niño, no me llores,
que ya sale la luna y esta noche
veremos de luceros un derroche
que nos deslumbrará con sus fulgores.
Que con los trinos de los ruiseñores
tus ojos se abrirán por la mañana
y tu risa será como campana
que tañe sus escalas y primores.
Yo haré que se disipen tus temores,
que nada malo habrá de sucederte
mientras tu amparo sea mi regazo.
Creo que desde hoy sólo mejores
nuestros días serán, para mi suerte,
tras sentir la ternura de tu abrazo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario