Las propias emociones por mi celo
veladas obedecen al latido
de un corazón que ya tomó partido:
el de alentar el más humano anhelo.
Aun sintiendo en mi carne un escalpelo
del propio desamor en ella hundido,
considero olvidado por sabido
que la vida del hombre no es un duelo
constante con el hombre; que la vida
es un caudal del que su propietario
ignora lo que vale, que es urgente
liberar la ternura reprimida
por algún mandamiento imaginario
y amar esperanzada, intensamente.
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