No sé si tengo claro lo que quiero…
Alguien con quien hablar, seguramente,
de las tribulaciones de un presente
cada vez más fugaz y más austero.
Contemplar un crepúsculo señero,
sentarme en una plácida terraza
y observar por encima de mi taza
el rostro de un amigo verdadero.
Poder sentir el ánimo ligero
merced al sentimiento proindiviso
que genera la mutua compañía.
Compartir el discurso placentero
que brinda una amistad sin compromiso
para enfrentarse a la melancolía.
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