Me sé etérea semblanza de la angustia
rozando en ocasiones un terreno
apenas abonado por el cieno,
que da unas flores de apariencia mustia.
Sé que no tengo ni lugar ni nombre,
que no nací, ni he de morir mañana,
que soy esencia tímida y arcana
y apenas de vivir todo me asombre.
Debo vagar sin tregua por la vida
—dejando mi contacto apenas huella
en la atrofia tenaz de los barbechos—
y titilar apenas, dividida
en múltiples fulgores de una estrella
oculta en el verdor de los helechos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario