Aurora de la noche más cerrada,
tibieza de los gélidos rigores,
alivio de los propios sinsabores,
ingenuidad del tiempo amenazada.
Parte de sangre propia, perpetuada,
estímulo incesante de ternura,
inocente comienzo de andadura
por todos los peligros acechada.
Promesa de futuro aventajada;
ya por verte crecer la pena vale
vivir… Sólo deseo, niño mío,
que al logro de la dicha demandada
llegues gracias al pálpito que avale
la legitimidad de tu albedrío.
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