No hablemos de ideales ni banderas,
sino de la atención en las pupilas,
el sudor del esfuerzo en las axilas
y el color del cansancio en las ojeras.
Huyamos de propuestas lisonjeras
y gestas imponentes; no soñemos
en vano, ni energía derrochemos
en especulaciones agoreras.
No perdamos el tiempo en más esperas
y pongamos las manos impacientes
a sembrar de equidad esas laderas
de añejas controversias herederas,
futuro de los pasos ascendentes
de las generaciones venideras.
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