La primavera bulle en mi persona
—pese a la soledad, pese a los años,
pese a los reiterados desengaños—
y de una ilusión nueva me corona.
Cada casualidad me condiciona
a seguir ascendiendo los peldaños
propios de esa vereda, y aledaños
de arbolado que sombra proporciona.
Todo me alude, todo me emociona,
toda la problemática me influye
y un fraternal estímulo me inclina
al barbecho abonar, como se abona
la tierra que el sustento constituye:
más con ternura que con disciplina.