Mi vida comenzó en aquel rellano
de la casa que daba a dos andenes,
mirando así por uno y otro lado
rodar sobre raíles a los trenes.
Mi precoz fantasía desbordada
y ansiosa de viajar insatisfecha,
cayó en ensoñación autorizada
sin saber que soñar poco aprovecha.
Veíamos el monte a la derecha,
mi hermano la amplia casa ya corría,
en la radio sonaba la zarzuela…
Y a mí ni me gustaban la maltrecha
bicicleta que apenas se tenía,
la confesión, las moscas, ni la escuela.
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