Me llevó un tren brillante y acerado
de aquella permanencia en el vacío.
Nunca del pueblo fui, ni el pueblo mío;
mutuamente, nos hemos olvidado.
Emprendía aquel viaje imaginado
tantas veces, huyendo de un sombrío
futuro y aceptando el desafío
de un porvenir sin duda aventurado.
¿Cómo era yo en aquel entonces? Era
una pobre muchacha avergonzada
de mi femineidad, que conseguía
de momento ser libre y respetada
en una esperanzada primavera,
crédula de la propia fantasía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario