Corrí a lo largo del azul verdoso
cautivada por las ondulaciones
cuya espuma de blancos borbotones
jugaba con el límite arenoso.
Me amonestó un acento temeroso;
se me mostraba así por vez primera
que es la libertad sólo quimera
de aspecto deslumbrante y engañoso.
Entonces supe que aquel mar, calmoso
como una inmensa y plácida llanura
según la percepción de mi inocencia,
se enroscaba en un fondo proceloso
capaz de convertirse en sepultura
de quien lucha por la supervivencia.
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