No aprendí mucho en el segundo grado;
apenas la maestra nos miraba
y, cuando vagamente preguntaba,
yo la pregunta había ya olvidado.
Ignoro el interés de quien al lado
de enseñar o aprender deber tenía;
por mi parte, a mi padre acudiría
más de una vez sin interés hallado.
La vida era la monotonía
dentro de casa, y cuando se saliera
cogidos a mi madre de la mano
para poder cruzar alguna vía
y caminar, como mi compañera
de pupitre decía: “tú y tu hermano”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario