Es una cualidad poco apreciada
frente a la inteligencia deslumbrante,
a la prosperidad, o al petulante
gesto de fomentar la mascarada.
Ella es humilde, como la morada
violeta de perfume penetrante,
como la luz del alba en el instante
que sucede a la oscura trasnochada.
En esta sociedad atribulada
apenas continúa respirando,
a la hospitalidad de una celdilla
por el factor humano confinada,
sintiéndose impotente contemplando
de la mezquindad cada avanzadilla.
Muy bonito.
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